Ayuda, Estoy Preocupada por mi Pequeño Hijo…

Estoy preocupada por mi pequeño hijo.

Él nunca había actuado así antes. Lleva encerrado en su cuarto, gritando y llorando, por casi dos semanas. Apenas come y bebe. He intentado hablar con él, pero se limita a ignorarme, lo que me preocupa aún más. Yo no lo crié para que fuera un niño rebelde.

He intentado animarlo. De verdad que lo he hecho. Le compré ropa nueva, muchos juguetes nuevos. Incluso, remodelé las paredes de su habitación con cenefas de ositos y le compré una cama con forma de carrito de carreras. Con tristeza debo admitir que no soy una persona adinerada y hacer todo esto ha afectado un poco mi economía, pero haría lo que fuera por mi hijo. Aún así, no he conseguido que sea feliz.

Estoy realmente triste porque no ha querido dormir en la cama, no se ha querido cambiar la ropa por unas limpias; ni siquiera ha querido mirar los juguetes nuevos.

Lo que realmente me ha molestado son algunas de las cosas que dice. Si, es cierto que él no me habla, pero apenas dejo la habitación lo escucho gritar a todo pulmón.  Él insiste en llamar a “papá”, a pesar de que, hasta donde él sabe, no tiene papá. Eso es lo que más me duele; ser una madre soltera es lo suficientemente duro para que tu hijo empiece a llorar por un padre que nunca ha estado ahí. Lo más extraño es que lo he oído mencionar nombres de personas que no conozco; Jennifer, María, Pablo, Ibeth… He leído en varios sitios que los amigos imaginarios suelen ser señal de algún tipo de enfermedad mental, hecho que me preocupa aún más.

Eventualmente, no pude soportar más la tristeza de mi hijo. Así que, como último recurso, me lo llevé a un viaje de carretera. Se que él debe estar exhausto (no ha dormido casi nada últimamente), por lo que le puse “algo” a su agua para que pudiera dormir durante todo el trayecto.

Manejé durante todo el día y, al encontrar un bonito hotel a orillas de carretera, me detuve en él para pasar la noche y así poder acostar a mi pequeño en una cama.

El problema comenzó cuando se despertó y empezó a llorar de nuevo. Intenté callarlo, pero no funcionó. Empecé a arrullarlo para que se durmiera, pero me gritó y me arañó como si de un animal salvaje se tratara. Aquello me hizo llorar; casi sentí que no le reconocía.

—¡¿Por qué me haces esto, Alex?!— le repliqué mientras los dos llorábamos.

De repente, mi pequeño dejó de llorar y me dijo sus primeras palabras:

—Yo no me llamo Alex.

—¿A qué te refieres?— le repliqué. —¡Por supuesto que te llamas Alex!— le dije confundida. La preocupación de que mi hijo pudiera estar padeciendo una enfermedad mental surgió de nuevo.

—¡¡NO!!— me respondió chillando. —Mi nombre es Andrés. Déjame ir, ¡quiero a mi papá!

Mi corazón en ese momento se rompió. No pude soportarlo más. Lo forcé para que tomara un poco de la medicina para dormir y así pudiera descansar de nuevo. No sé qué está sucediendo. Me esforcé mucho para que estuviéramos juntos; y no he hecho otra cosa que darle todo mi amor desde que lo tengo junto a mi. Él ha empezado a actuar como el anterior. Sólo le pido a Dios que no vaya a terminar como él.